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Cambiamos de año, estamos ya casi en esas fechas futuristas de las que nos hablaban las películas de ciencia-ficción hace tan solo veinte años, y aquí seguimos, sin coches voladores, androides domésticos rebeldes ni comunas terrestres explotando otros planetas.
En cuanto al delito, el origen y causa de las mayores atrocidades está en la codicia salvaje, la envidia mal digerida, y la violencia como medio de comunicación.
A los viejos delitos añadiremos ahora uno que, por premura y riesgo global, precisa cuanto antes de poner medios en su detección y control: el delito medioambiental. Mientras los políticos miden sus medidas energéticas en votos perdidos, cada día se contabilizan miles de actos vandálicos que atentan gravemente al planeta, y sin vuelta atrás: los clanes mafiosos encargados de"librarse" de toneladas de residuos nucleares, algunas estafas detectadas en el "reciclaje" de ciertos materiales, el uso de plaguicidas prohibidos, demenciales proyectos urbanísticos .... Delitos sin sangre a primera vista, sin víctima individual, incluso sin daño inmediato. Pero delitos contra la humanidad y su futuro. Delitos que también deben ser objeto de la investigación criminológica.
Esperamos que los años venideros sean de prometedor futuro inmediato para todos los criminólogos españoles. Que podamos demostrar toda nuestra capacidad a la sociedad en la que nos movemos, y que nos convirtamos en elemento práctico y habitual en la lucha contra el crimen, en todas sus vertientes.
Provechoso 2.010
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